La "pobreza" es un término usado con mucha frecuencia, sobretodo cuando su discusión se transforma en una interminable diatriba entre las personas que diariamente debaten sobre este sazonado tema. En cualquiera de los casos o usos, "pobreza" lleva una relación muy estrecha con la palabra "carecer", "escasear", "necesitar", entre otros. Sin distinción de puntos de vista, me parece pertinente y relevante la constante discusión de este problema de carácter mundial, pero la globalización y la creciente vertiente capitalista del mundo del siglo XXI han desviado un poco, a mi parecer, el verdadero objetivo de dichas cuestiones.
Para el crudo capitalismo la discusión pobreza-riqueza gira en torno a la necesidad del consumo, es decir, a la capacidad de los individuos de satisfacer sus necesidades a través del dinero. Pero en el mundo, somos más pobres de lo que en verdad creemos. Cada abrir y cerrar de ojos, nos acerca a una cruda realidad llena de pobreza; pobreza mental, pobreza espiritual, pobreza económica, pobreza cultural, y un sin fin de carencias que nos socavan como personas. No prestar atención a estas necesidades es como ignorar un llamado de auxilio, es está pobreza la que destruye al mundo, es esta pobreza la que ciega nuestra mente y nuestra alma y nos hace actuar de forma individual y egoísta, flagela nuestra condición de individuos y nos vuelve individuales mientras destruimos la democracia que tanto protegemos y queremos.
En Venezuela, contamos con petróleo, turismo, mujeres hermosas, minería, y un sinfín de recursos que enriquecen mucho a nuestra gente en un sentido económico, pero me pregunto yo porqué un 80% de la población se encuentra en estado de pobreza. Esta situación se debe a otro tipo de pobreza referida más que todo a nuestro nacionalismo, pero no a uno como lo predica Chávez, no un nacionalismo anti-yankee, revolucionario y bolivariano, sino un nacionalismo que permita al venezolano amar a su patria y trabajar por ella.
La mentalidad colonial, en mi punto de vista, es la causante de muchos de los problemas de diversos países como el venezolano y es también responsable de la pobreza, en diversos sentidos, de las naciones. No puede ser que pensemos en salir del país, no puede ser que pensemos en que Estados Unidos es lo mejor y nuestro país no sirve para nada, así como queremos implementar reglas que no están hechas para nosotros, sólo porque en países desarrollados las usen. Es nuestra responsabilidad la de crear los medios y los espacios para la difusión de nuestros verdaderos valores y nuestras ideas en pro de mejorar nuestra nación, es esta mentalidad colonial la que nos mantiene con la mente en un sitio mejor que el nuestro, marchitando el esfuerzo de unos pocos en sacar adelante nuestra nación, este “rancho mental” que existe en cada uno de nosotros, seamos de clases altas o bajas, nos vuelve igual de pobres.
En Nigeria, como en muchos países, todos los días los niños mueren de hambre, en otros, como en Venezuela, cada día ocurre un siniestro; pero así como decimos que en Nigeria hay pobreza porque los niños no tienen que comer, ¿No somos pobres los venezolanos que todos los días perdemos a un hermano? Son puntos de vista diferentes, pero ciertamente hablan de problemas que están más latentes que antes. Esa gente que despierta todo los días y que tiene que robar o matar para conseguir comida, dinero, techo... ¿Esos no son síntomas de pobreza?
No empecemos a culpar a nadie, ni los critiquemos porque quizás no tuvieron la suerte que tuvimos nosotros de tener, de estar escribiendo estas líneas porque ellos son pobres y nosotros no. Pensemos un rato... ¿Son acaso nuestros gobernantes, o muchos de ellos, que han tenido la posibilidad que tenemos nosotros de prepararnos, quienes han usado su posición para empezar a pensar en los demás y hacer algo verdaderamente bueno, no para consigo, sino para el prójimo? Sin duda, si han existido, están contados y la mayoría quizás son más pobres que los otros, quienes teniendo y pudiendo, siguieron sumidos en la pobreza, alimentando el individualismo sobre un tejido colectivo herido. Si ellos también son pobres ¿Qué será del mundo?...
No podemos ser héroes sin salvarnos primero a nosotros y no es por el hecho de sonar personalista, sino por la necesidad que tenemos de cambiarnos para cambiarlos, es decir, de ayudarnos para ayudar. Entonces si queremos de verdad empezar a cambiar el mundo e intentar erradicar a la pobreza, habrá que preguntarse primero... ¿Cuán pobre somos?