jueves, 5 de junio de 2008

La vida antes de la muerte

A través de las épocas los hombres han tenido la necesidad de conocer su entorno, de entenderlo y dominarlo. Sin embargo, existe todavía un hecho que apenas empezamos a entender, algo que es muy cercano a nosotros: la muerte. Le tememos, la adoramos, la evitamos, pero siempre llega, para cerrar un capítulo llamado vida, para el que a muchos ha significado el final y para otros tan solo el comienzo.

Parece ser que estamos sumidos en los tabúes que presentan a la muerte como algo doloroso, independientemente de nuestra ideología post-mortem. Esto nos ha llevado a tener en mente a la muerte, siempre omnipresente en todo lo que hacemos y nos ha llevado también a temerle o respetarla. El poder sobre la muerte es también poder sobre la vida. Pero ¿Quién controla a la muerte? Nadie lo sabe. De hecho le tememos a ese señor de la muerte que nos controla desde lo desconocido, llámese como se llame, nos mantiene viviendo pensando en el final.

Es lógico pensar entonces que estos tabúes han sido las herramientas manipuladoras de muchas personas, instituciones (estado) y dogmas (creencias, religiones), quienes han usado a la muerte en su beneficio. La historia no los ha enseñado, como cuando la Iglesia vendía indlugencias para construir catedrales, pero también pienso que independientemente de lo que se crea, se puede creer o no en el más allá y vivir intensamente.

Podemos por ejemplo, creer en la reencarnación, creer en la vida eterna (en sentido cristiano) como yo lo hago, se puede creer en la elevación del espiritu, así como también se puede creer en la nada. Pero vivir la vida intensamente no debería alejarnos de esas creencias, por el contrario, debería unirnos más a ellas. Si creemos en lo primero, deberíamos vivir cada momento como si fuera el último, pensando que si vivimos de la mejor manera posible disfrutando de lo bueno y de lo malo de la vida estaremos más cerca de alcanzar ese más allá en el que creemos. Si, por el contrario, creemos en la nada... ¿No sería ese motivo suficiente para vivir la vida al máximo?

Y si todavía quedan esos temores y esas angustias, quizás Rilke nos tenga una buena sugerencia. Hacer como los niños, ocuparnos de lo que en verdad nos importa y hacerlo con todas las ganas y dedicación, es decir, ocuparnos de vivir intensamente, e ignorar eso que hacen los adultos que no entendemos y no le damos importancia, es decir, olvidarse de la muerte.

Como se puede ver, créase lo que se crea la muerte llegara para poner término final a nuestra existencia, entonces tenemos dos caminos por los que podemos transitar. Podemos vivir temiéndole a la muerte o podemos abrazar ese tesoro llamado vida que, así como no sabemos que nos depara el futuro ni el más allá, es lo único que con seguridad tenemos.