En el momento en que Hobbes desarrolla la idea del hombre como una máquina deseante e insatisfecha, el mundo nunca volvió a ser el mismo. Obviando los futuros aportes de Locke y Montesquieu en materia de gobiernos, una idea importante dentro de esta concepción de hombre concebida por Hobbes fue la facultad de poder hacer el cálculo de palabras, es decir, razonar. En conclusión última Hobbes plantea que la razón nos dice que para mantener los pactos entre los hombres debe existir un monstruo que por medio del miedo nos haga adherirnos a dichos compromisos. Tal monstruo es conocido como el Estado.
El Estado para Hobbes, no está adscrito al pacto social, es por decirlo así, el actor de la obra en la que la sociedad es la escritora. En este sentido, el Estado debe, cerciorarse del cumplimiento de dichos pactos en todos los ámbitos que le competen, hasta el punto en que Hobbes señala: “el ciudadano puede hacer todo lo que no le está prohibido y el Estado puede hacer todo lo que le está permitido”. Como es notable, el Estado nos representa, es un instrumento que permite que los ciudadanos tengan la confianza de que no van a ser rotos los pactos que ellos han hecho con otros y que, a su vez, ellos tampoco los rompan. Pero cuando el Estado va en contra de su función, cuando cruza la línea de lo no permitido, tanto por omisión de los ciudadanos como por voluntad propia, este monstruo puede tornarse peligroso para la sociedad, tanto por que la afecta como al pacto en sí mismo.
Cuando Hobbes planteó esta idea del monstruo lo llamo como una de sus obras más importantes: Leviatán. Hoy en esta era moderna quizá nos topemos con algún Leviatán de siglo XXI.
El Estado para Hobbes, no está adscrito al pacto social, es por decirlo así, el actor de la obra en la que la sociedad es la escritora. En este sentido, el Estado debe, cerciorarse del cumplimiento de dichos pactos en todos los ámbitos que le competen, hasta el punto en que Hobbes señala: “el ciudadano puede hacer todo lo que no le está prohibido y el Estado puede hacer todo lo que le está permitido”. Como es notable, el Estado nos representa, es un instrumento que permite que los ciudadanos tengan la confianza de que no van a ser rotos los pactos que ellos han hecho con otros y que, a su vez, ellos tampoco los rompan. Pero cuando el Estado va en contra de su función, cuando cruza la línea de lo no permitido, tanto por omisión de los ciudadanos como por voluntad propia, este monstruo puede tornarse peligroso para la sociedad, tanto por que la afecta como al pacto en sí mismo.
Cuando Hobbes planteó esta idea del monstruo lo llamo como una de sus obras más importantes: Leviatán. Hoy en esta era moderna quizá nos topemos con algún Leviatán de siglo XXI.