martes, 21 de octubre de 2008

El Leviatán del Siglo XXI

En el momento en que Hobbes desarrolla la idea del hombre como una máquina deseante e insatisfecha, el mundo nunca volvió a ser el mismo. Obviando los futuros aportes de Locke y Montesquieu en materia de gobiernos, una idea importante dentro de esta concepción de hombre concebida por Hobbes fue la facultad de poder hacer el cálculo de palabras, es decir, razonar. En conclusión última Hobbes plantea que la razón nos dice que para mantener los pactos entre los hombres debe existir un monstruo que por medio del miedo nos haga adherirnos a dichos compromisos. Tal monstruo es conocido como el Estado.

El Estado para Hobbes, no está adscrito al pacto social, es por decirlo así, el actor de la obra en la que la sociedad es la escritora. En este sentido, el Estado debe, cerciorarse del cumplimiento de dichos pactos en todos los ámbitos que le competen, hasta el punto en que Hobbes señala: “el ciudadano puede hacer todo lo que no le está prohibido y el Estado puede hacer todo lo que le está permitido”. Como es notable, el Estado nos representa, es un instrumento que permite que los ciudadanos tengan la confianza de que no van a ser rotos los pactos que ellos han hecho con otros y que, a su vez, ellos tampoco los rompan. Pero cuando el Estado va en contra de su función, cuando cruza la línea de lo no permitido, tanto por omisión de los ciudadanos como por voluntad propia, este monstruo puede tornarse peligroso para la sociedad, tanto por que la afecta como al pacto en sí mismo.

Cuando Hobbes planteó esta idea del monstruo lo llamo como una de sus obras más importantes: Leviatán. Hoy en esta era moderna quizá nos topemos con algún Leviatán de siglo XXI.

jueves, 9 de octubre de 2008

Les Fleurs de Temp

Les fleurs que tu m'as données
Je les ai aimées, je les ai arrosées, je les ai contemplées
Les fleurs que j'ai aimées
Tu les ai élues, tu les ai aportées, tu les ai aimées
Les fleurs que tu m'as élues
Elle se sont fanées
Les fleurs que sont fanées
Je les ai déjà oubliées.

jueves, 5 de junio de 2008

La vida antes de la muerte

A través de las épocas los hombres han tenido la necesidad de conocer su entorno, de entenderlo y dominarlo. Sin embargo, existe todavía un hecho que apenas empezamos a entender, algo que es muy cercano a nosotros: la muerte. Le tememos, la adoramos, la evitamos, pero siempre llega, para cerrar un capítulo llamado vida, para el que a muchos ha significado el final y para otros tan solo el comienzo.

Parece ser que estamos sumidos en los tabúes que presentan a la muerte como algo doloroso, independientemente de nuestra ideología post-mortem. Esto nos ha llevado a tener en mente a la muerte, siempre omnipresente en todo lo que hacemos y nos ha llevado también a temerle o respetarla. El poder sobre la muerte es también poder sobre la vida. Pero ¿Quién controla a la muerte? Nadie lo sabe. De hecho le tememos a ese señor de la muerte que nos controla desde lo desconocido, llámese como se llame, nos mantiene viviendo pensando en el final.

Es lógico pensar entonces que estos tabúes han sido las herramientas manipuladoras de muchas personas, instituciones (estado) y dogmas (creencias, religiones), quienes han usado a la muerte en su beneficio. La historia no los ha enseñado, como cuando la Iglesia vendía indlugencias para construir catedrales, pero también pienso que independientemente de lo que se crea, se puede creer o no en el más allá y vivir intensamente.

Podemos por ejemplo, creer en la reencarnación, creer en la vida eterna (en sentido cristiano) como yo lo hago, se puede creer en la elevación del espiritu, así como también se puede creer en la nada. Pero vivir la vida intensamente no debería alejarnos de esas creencias, por el contrario, debería unirnos más a ellas. Si creemos en lo primero, deberíamos vivir cada momento como si fuera el último, pensando que si vivimos de la mejor manera posible disfrutando de lo bueno y de lo malo de la vida estaremos más cerca de alcanzar ese más allá en el que creemos. Si, por el contrario, creemos en la nada... ¿No sería ese motivo suficiente para vivir la vida al máximo?

Y si todavía quedan esos temores y esas angustias, quizás Rilke nos tenga una buena sugerencia. Hacer como los niños, ocuparnos de lo que en verdad nos importa y hacerlo con todas las ganas y dedicación, es decir, ocuparnos de vivir intensamente, e ignorar eso que hacen los adultos que no entendemos y no le damos importancia, es decir, olvidarse de la muerte.

Como se puede ver, créase lo que se crea la muerte llegara para poner término final a nuestra existencia, entonces tenemos dos caminos por los que podemos transitar. Podemos vivir temiéndole a la muerte o podemos abrazar ese tesoro llamado vida que, así como no sabemos que nos depara el futuro ni el más allá, es lo único que con seguridad tenemos.

jueves, 29 de mayo de 2008

De las buenas costumbres a los buenos ciudadanos

…que aprendan que se tiene todo con el dinero, excepto las costumbres y los ciudadanos.1 ¿Qué podemos inferir de esta máxima? No es cuestión de ser ricos o pobres, es cuestión que el buen obrar no se relaciona con el dinero. El ser rico, opulento y educado no nos hace mejores que un pobre cuando a ser ciudadanos se refiere y las buenas costumbres no atañen a los negocios cuando los corazones de las personas son virtuosos. ¿Pero cómo llegamos a ser virtuosos? ¿Cómo podemos educarnos para ser virtuosos? …quien quiere educar a un niño no comienza por decirle que es preciso practicar la virtud; le enseña primeramente a ser veraz, después a tener templanza, después coraje, etc., y finalmente le enseña que la colección de todas esas cosas se llama virtud.2 ¿Es menester entonces decir que la educación nos ayuda a ser virtuosos? Pues para ser virtuosos en la vida debemos educarnos en el arte de ser buenos hombres, cultivando el alma y no la mente. Ciertamente las artes y las ciencias ayudan a exaltar la condición de sabiduría del hombre, pero así como fortalecemos la mente es necesario fortalecer el espíritu, quien en constante lucha con nuestras tentaciones nos ayuda a fortalecer la voluntad.

No es fácil la tarea. De la dedicación a ser buenos hombres estamos también llamados a ser buenos ciudadanos, partiendo con base en que vivimos en sociedad. Pero esta sociedad no es más que la suma de sus partes, es decir, una sociedad virtuosa está formada por ciudadanos virtuosos, que interesados en el buen obrar trabajen tanto para sí y para los demás. Es notorio ver como no hemos logrado cumplirlo, como nuestras costumbres y tradiciones debilitadas, han hecho que nuestras miserias dominen nuestra voluntad antes indómita. La necesidad se ha convertido en el motor de nuestro obrar más que en nuestro deseo de ser mejores, intentando llenar ese vacío buscando a esos hombres “virtuosos” que nos conduzcan a ese bienestar; hombres que si bien no hemos podido serlo menos habremos podido cultivar. Es entonces cuando me pregunto: ¿Cómo somos capaces de buscar en otros el ejemplo que estamos llamados a dar? Es más fácil tirar la piedra y esconder la mano, que ser honestos con nosotros mismos. Es nuestra falta de voluntad, nuestra conformidad la que nos ha sumido en la total esclavitud pensando que la riqueza nos hará felices.

No es pues cuestión del capitalismo o de los ricos resolver nuestros problemas, más está en nuestros tabúes las enfermedades que nuestra sociedad padece. Nuestro falso deseo de ser alguien nos ha alejado de ser nosotros mismos y de ofrecer a los demás lo que podemos dar. No es eso más cierto que ver por todas partes inmensos establecimientos en los que se educan con grandes costes a la juventud para enseñarle todas las cosas, excepto sus deberes.3

Nos hemos olvidado entonces de nuestra patria. Pero no nos malentendamos. Nuestra patria no nos ofrece más de lo que estamos dispuestos a dar. No es una guerra civil lo que estoy pidiendo, es la reivindicación de la ciudadanía lo que discuto rescatar, del verdadero valor de ser parte de una nación y de trabajar para cosechar los frutos que esta dejará para el futuro, sino ¿Por qué estuvimos dispuestos a aceptar vivir en sociedad si no pensamos trabajar para ello? Es sin duda una pregunta que cada quien debe responderse.

Hemos sido derrotados entonces por el conformismo, mal inherente a nuestra poca voluntad de luchar, mientras vivimos alimentados de nuestras esperanzas vemos como nos derrumbamos, como perecemos ante los vicios y como nos corrompemos en un inevitable intento por mantener una paz cada vez más distante. Nuestras antes valiosas virtudes son ridiculizadas: el justo, el honesto, el humilde, no son más que cuadros en la pared del olvido; no tenemos ya ciudadanos o si todavía nos queda alguno disperso en nuestros campos abandonados, allí perece indigente y despreciado.4

No es una quimera, ni una utopía. Es nuestra verdadera necesidad.

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(1)(2)(3)(4) Jean-Jacques Rousseau

jueves, 8 de mayo de 2008

Biocombustibles: ¿Tecnología verde o negra?

Entramos en el siglo XXI, la tecnología avanza vertiginosamente a un estado de transmutación constante, mientras los seres humanos buscan subsistir en un mundo cada vez mas globalizado de ideologías, culturas y pensamientos. La inminente supremacía de la raza humana hizo temblar la tierra hasta tal punto que ésta perdio el equilibrio y comenzó a dar síntomas de una enfermedad para algunos crónica y para otro remediable. Surge entonces (ahora en el siglo XXI) con más fuerza, la temática de las tecnologías verdes y el desarrollo amigable al planeta.

El mundo se ve inmerso en -mas que un debate- una diatriba incesante con grandes resultados, vale acotar, y con miradas esperanzadoras a un futuro cada vez más "verde"; entre dichos resultados destacan, por ejemplo, energías amigables como la eólica, la solar y los biocombustibles -por mencionar algunas-. Me detendre a ahondar más en este último que ha sido el método mas debatido por los especialista por sus atribuciones "curativas" a esta pandemia ambiental.

¿Virtudes? Según los especialistas, las "ventajas" más importantes de esta tecnología radican en que:
1. Su origen es verde, ya que se obtienen de plantaciones como la del maíz.
2. Reducen los gases de efecto invernadero en la atmósfera.


Ciertamente, a simple vista los biocombustibles parecen ser un milagro traido del mismísimo cielo, pero profundizando más en la verdadera connotación del asunto observamos que esta cura milagrosa podría ser mas negra que verde. No es simplemente por llevar la contraria, ni por ser un indiferente del obvio estado de salud del planeta, pero es indispensable conocer ambas caras de la moneda antes de aprobar tecnologías incipientes sólo por el hecho de ser verdes y comerciales.

En primer lugar, la producción de biocombustibles requiere, como he mencionado anteriormente (mejor dicho, como mencionan los más empapados en el asunto), de plantaciones para obtener el biodiesel o bioetanol, dependiendo del caso. Esto quiere decir dos cosas. La primera es que es necesario sustituir una parte de la producción alimentaria para elaborar el preciado elixir ambiental y la segunda es que seria menester ampliar los campos de producción para obtener tanto alimentos como biocombustibles. En cualquiera de estos dos casos, las contraargumentaciones explican, con base en investigaciones de la ONU y otro científicos de diversas índoles, que en el primer caso, es primordial y de vital importancia mantener el suministro de alimentos ahora más que nunca que los altos precios del crudo han aumentado paulatinamente el precio de los rubros alimentarios, teniendo como consecuencia una posible crisis alimentaria pronosticada por la ONU, y en el segundo, radica algo un poco más racional, queremos ser verdes y pretendemos destruir más ecosistemas, más hábitats, más biodiversidad, al mismo tiempo que queremos reducir las emisiones mientras destruimos al único filtro verde que tenemos contra el CO2: las plantas.

Es evidente de por sí, que los biocombustibles son un tema importante en la green agenda de las naciones desarrolladas, pero es necesario ahondar y excavar hasta el más minúsculo detalle para que el remedio no resulte peor que la enfermedad. No es estar en total desacuerdo con los biocombustibles, sino ser objetivo en algo que más que concernir a la humanidad como un todo, responde a la necesidad de salvaguardar nuestro primer hogar: La Tierra.

viernes, 4 de abril de 2008

Petróleo: El Inicio del Final (Extracto)

¿Qué es el petróleo? ¿Cómo ha cambiado nuestra forma de pensar? ¿Cuáles han sido sus consecuencias? Sin duda el petróleo es la causa y la solución a todos nuestros problemas. Pero la verdadera proeza radica en cómo administramos este preciado recurso. “Administramos”, porque nuestro Estado omnipotente no es el verdadero dueño del petróleo. “Administramos”, porque nuestro país está formado por ciudadanos que deben aprender a responsabilizarse por sus acciones y a ser cumplidores con su país, en este sentido, no es posible que el Estado sea el controlador de todas las actividades nacionales y los ciudadanos simplemente esperemos sentados nuestro pedazo.

Venezuela hace mucho era un país muy pobre. Decía bien Gerver Torres que en nuestro país no existían buenos servicios ni educación, éramos un pequeño país alejado del mundo que se dedicaba a la agricultura y ganadería. Entonces, apareció el petróleo. Su auge causó que el mundo pusiera sus ojos en Venezuela y que pudiéramos surgir como nación. El Estado fue instaurado y fue el encargado de administrar “nuestro” petróleo. Cada año recibíamos más del petróleo y, aunado a la inversión extranjera, pudimos crecer en educación, infraestructura, salud, cultura y en muchos otros. Parecía ser que Venezuela empezaba un proceso de crecimiento que nunca iba a acabar. Pero el mundo dejo de necesitar tanto petróleo y ahí fue cuando vimos que “todo lo que sube tiene que bajar”. El verdadero problema no fue con “nuestro” petróleo sino que el Estado no supo aprovecharlo para mejorar la economía (refiriéndome a la administración y gerencia de los bienes); por el contario, malverso el ingreso petrolero y se volvió un Estado rentista. Ahí fue cuando ocurrió el inicio del final.

Estudiando un poco cuál ha sido la problemática que ha mantenido a Venezuela sumida en la decadencia, vemos que el petróleo queda en segundo plano y que entre el Estado y los ciudadanos hemos tomado las decisiones acertadas para hundirnos más en el atraso.

Nuestro Estado, formado a partir del petróleo, lo controla a éste y a los recursos nacionales lo cual lo vuelve omnipotente y todopoderoso. Aunado a esto, la economía venezolana se ha vuelto una remedo de capitalismo (de Estado) donde cada vez menos “capital” extranjero es invertido en mejoras a nuestras industrias (que son, en su mayoría, del Estado) en vista de que la omnipresencia del Estado (corrupto, lo cual trataré más adelante) hace todo lo posible por obtener la porción más grande de las ganancias que deberían reinvertirse en pro del progreso. [....]

[...] Por último (retomando el tema del Estado empresario), lo más significativo y que tiene que ver más con el petróleo, que es la actividad más importante del país (por no decir la única importante), nos convierte en un petro-Estado, lo cual significa que nuestro fuerte económico es el petróleo. Normalmente, como en el caso de Venezuela, los países petroleros tienen una economía muy inestable ya que no poseen diversidad de fuentes de ingresos sino que depende exclusivamente del petróleo. El caso de Noruega, un gran ejemplo de lo que puede llegar a ser un petro-Estado, ya tenía una cultura de producción y trabajo arduo antes de conocer el petróleo como fuente de ingresos, esto le ha permitido reutilizar estos fondos, bajo un gobierno eficiente, para generar más prosperidad y desarrollo. [...]

[...] Pero no nos desesperancemos, todavía queda mucho camino que recorrer en el agitado trecho de la historia, Venezuela todavía tiene mucho que dar y es momento de empezar a cambiar para cambiar a nuestra Venezuela.

martes, 26 de febrero de 2008

Definiéndonos... en torno a qué?

“El descubrimiento de América es también el redescubrimiento de Europa”. (Octavio Armand)

Leyendo las cartas de Colón sorpresivamente encontramos referencia de la acertada frase del escritor cubano, que habla de América como una suerte de retrato europeo; en estas cartas Colón dice haber observado unas sirenas en el mar, ignorando la existencia de los manatíes.

“Lo que ignoramos es lo innombrado” –diría Octavio Paz– para justificar en cierto modo como América es descrita desde los ojos europeos.

¿Es nuestra historia algo más que un relato? Es, indiscutiblemente un mestizaje de culturas, de mundos. Lo que hoy nos rodea es una mezcla del viejo y el nuevo mundo, es momento como diría Armand, de descubrir la verdadera América desde los ojos de sus protagonistas.

Nuestra identidad se podría acotar. ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? Ni siquiera sabemos de dónde venimos. Primero deberíamos estudiar un poco nuestra historia, nuestro significado.

América: Mezcla.

Negros, blancos, indios. Somos todos iguales ante los ojos de los otros. Lo vemos todo los días, ese choque de mundos que vive entre la realidad y la fantasía. Ese nuevo mundo como lo imaginaron los españoles, lleno de maravillas e historias fascinantes, criaturas fantásticas y misticismo, se fue desvaneciendo en la medida en que pudieron nombrar a América y pudieron darle un significado que les funcionara para describirla. Así empieza la colonización, la incursión europea desde España y la incursión negra –esclavos–, traídos por los españoles.

El hoy es un resultado de ello.

El buscar una identidad, una razón por la cual sentirse oriundo y orgulloso de su tierra, debería ser algo más que un simple y burdo nacionalismo. En cierto modo ser nacionalista no tiene nada de malo pero el ser impulsivos con lo nuestro nos aleja de lo que el mundo tiene para ofrecernos, para hacernos crecer. No podemos aborrecer a los españoles, ni hacerle guerra como ellos lo hicieron cuando nos colonizaron, pero tampoco podemos caer en la trampa de querer volver al indigenismo que nada tiene que ver con nuestra vida –sólo con nuestra historia–. Reviviendo nuevamente a Armand: “la búsqueda de nuestra identidad a través de un indigenismo cultural nos desprendería de poderosas raíces europeas para aferrarnos a una raíz trunca, de insuficiente continuidad”. Pero pretender ser europeos tampoco es la solución. Entender que nuestro continente proviene en mayor parte de un origen africano-indígeno-europeo, por decirlo de cierto modo, nos hace acreedores de una cultura muy rica y variada, cuya expresión más sorpresiva sería la de San Nicolás reposando a los pies del pesebre donde descansa el Niño Jesús, mientras que éste deja los regalos en el árbol de Navidad o las festividades acompañadas del son de los tambores.

Hay que aborrecer los falsos discursos populistas que propugnan volver al indigenismo y al nacionalismo arcaico –es una hipocresía–. Pero no podemos ignorar nuestras raíces indias, negras y blancas, a la hora de resistirse a los peligros de la nueva colonización –globalización–. Saber aprovechar las bondades de la globalización es permitirle a América seguir siendo América, darle continuidad a esas raíces que menciona Armand, ir evolucionando culturalmente como continente pero sin olvidar de dónde venimos, que es el único modo de entender hacia donde tenemos que caminar. Integrar estos factores, en otras palabras, mantener nuestras tradiciones mientras incorporamos las maravillas de la cultura mundial, es darle un nuevo rostro a nuestra América.

Apartándonos ya de la historia y volviendo al presente, al americano le falta descubrir su identidad. Olvidar esos monstruos del pasado, esas historias fantásticas para empezar a poner los pies en la tierra. Eso se está viendo, en Chile por ejemplo y en Brasil, donde el punto de partida han sido ellos mismos como país, escribiendo un nuevo capítulo donde los protagonistas ya no son los caudillos ni el mundo fantástico. Es esta fantasía que pareciera tener a los políticos bailando en el poder mientras esos monstruos –La CIA, Mr. Bush, la oposición y otro sin fin de criaturas imaginadas– son los responsables de los males de nuestras naciones, como una vez lo hicieran los europeos, ciegamente contamos la misma historia, sumidos entre lo real-imaginario.

martes, 8 de enero de 2008

La Pobreza: Exceso de Carencias

La "pobreza" es un término usado con mucha frecuencia, sobretodo cuando su discusión se transforma en una interminable diatriba entre las personas que diariamente debaten sobre este sazonado tema. En cualquiera de los casos o usos, "pobreza" lleva una relación muy estrecha con la palabra "carecer", "escasear", "necesitar", entre otros. Sin distinción de puntos de vista, me parece pertinente y relevante la constante discusión de este problema de carácter mundial, pero la globalización y la creciente vertiente capitalista del mundo del siglo XXI han desviado un poco, a mi parecer, el verdadero objetivo de dichas cuestiones.

Para el crudo capitalismo la discusión pobreza-riqueza gira en torno a la necesidad del consumo, es decir, a la capacidad de los individuos de satisfacer sus necesidades a través del dinero. Pero en el mundo, somos más pobres de lo que en verdad creemos. Cada abrir y cerrar de ojos, nos acerca a una cruda realidad llena de pobreza; pobreza mental, pobreza espiritual, pobreza económica, pobreza cultural, y un sin fin de carencias que nos socavan como personas. No prestar atención a estas necesidades es como ignorar un llamado de auxilio, es está pobreza la que destruye al mundo, es esta pobreza la que ciega nuestra mente y nuestra alma y nos hace actuar de forma individual y egoísta, flagela nuestra condición de individuos y nos vuelve individuales mientras destruimos la democracia que tanto protegemos y queremos.

En Venezuela, contamos con petróleo, turismo, mujeres hermosas, minería, y un sinfín de recursos que enriquecen mucho a nuestra gente en un sentido económico, pero me pregunto yo porqué un 80% de la población se encuentra en estado de pobreza. Esta situación se debe a otro tipo de pobreza referida más que todo a nuestro nacionalismo, pero no a uno como lo predica Chávez, no un nacionalismo anti-yankee, revolucionario y bolivariano, sino un nacionalismo que permita al venezolano amar a su patria y trabajar por ella.

La mentalidad colonial, en mi punto de vista, es la causante de muchos de los problemas de diversos países como el venezolano y es también responsable de la pobreza, en diversos sentidos, de las naciones. No puede ser que pensemos en salir del país, no puede ser que pensemos en que Estados Unidos es lo mejor y nuestro país no sirve para nada, así como queremos implementar reglas que no están hechas para nosotros, sólo porque en países desarrollados las usen. Es nuestra responsabilidad la de crear los medios y los espacios para la difusión de nuestros verdaderos valores y nuestras ideas en pro de mejorar nuestra nación, es esta mentalidad colonial la que nos mantiene con la mente en un sitio mejor que el nuestro, marchitando el esfuerzo de unos pocos en sacar adelante nuestra nación, este “rancho mental” que existe en cada uno de nosotros, seamos de clases altas o bajas, nos vuelve igual de pobres.

En Nigeria, como en muchos países, todos los días los niños mueren de hambre, en otros, como en Venezuela, cada día ocurre un siniestro; pero así como decimos que en Nigeria hay pobreza porque los niños no tienen que comer, ¿No somos pobres los venezolanos que todos los días perdemos a un hermano? Son puntos de vista diferentes, pero ciertamente hablan de problemas que están más latentes que antes. Esa gente que despierta todo los días y que tiene que robar o matar para conseguir comida, dinero, techo... ¿Esos no son síntomas de pobreza?

No empecemos a culpar a nadie, ni los critiquemos porque quizás no tuvieron la suerte que tuvimos nosotros de tener, de estar escribiendo estas líneas porque ellos son pobres y nosotros no. Pensemos un rato... ¿Son acaso nuestros gobernantes, o muchos de ellos, que han tenido la posibilidad que tenemos nosotros de prepararnos, quienes han usado su posición para empezar a pensar en los demás y hacer algo verdaderamente bueno, no para consigo, sino para el prójimo? Sin duda, si han existido, están contados y la mayoría quizás son más pobres que los otros, quienes teniendo y pudiendo, siguieron sumidos en la pobreza, alimentando el individualismo sobre un tejido colectivo herido. Si ellos también son pobres ¿Qué será del mundo?...

No podemos ser héroes sin salvarnos primero a nosotros y no es por el hecho de sonar personalista, sino por la necesidad que tenemos de cambiarnos para cambiarlos, es decir, de ayudarnos para ayudar. Entonces si queremos de verdad empezar a cambiar el mundo e intentar erradicar a la pobreza, habrá que preguntarse primero... ¿Cuán pobre somos?

domingo, 6 de enero de 2008

Idea: la voz de la mente

La mente es un mundo complejo.

En la mente no existe lo imposible. Lo posible es un rasgo de la imaginación que sólo existe en nuestra mente, la imaginación podría ser lo contrario a la realidad, pero la realidad es en verdad, una posibilidad de futuro para la imaginación.

¿Quien diría que llegariamos a la luna, o que explorariamos las profundidades del mar? La imaginación de Julio Verne lo demuestra, ahora conocemos planetas, galaxias y estrellas; el fondo del mar es solo una tierra más por conocer y para cerrar con broche de oro, vimos como la locura de Colón se llamaba Tierra, y era redonda.

La idea no llega sino después de la razón, es decir, del raciocinio, de la capacidad que desarrolló el hombre para emprender el viaje del conocimiento. Este conocimiento sirvió para desarrollar ideas, pero cada idea daba un poco más de conocimiento. La relación entre éstas dos, está latente, la desconozco y tampoco es importante conocerla, sería como esas cosas que existen pero que saber que són sería irrelevante para nosotros.

La "mente universal" por asi llamarla, es donde todas las ideas se vuelven conocimiento. Este nuevo concepto de mente, novedoso y muy imaginativo, no piensa, simplemente refleja todo lo que la mente del hombre, tanto la parte real como imaginativa, han creado.

Para mi este nuevo concepto de mente universal, debería ser rebautizado con el nombre de libro. Un nombre intrigante pero apropiado para contar la historia de la historia de la mente y de la imaginación-realidad que existe en ella y en nuestro alrededor, sus pros y sus contras, sus hazañas y sus derrotas.

Para el hombre no existe arma más capaz que la idea. Para la idea no existe arma más capaz que otra idea. Es como un ejercicio para el cuerpo, piernas que ayudan a caminar y el caminar que ayuda a fortalecer piernas. Asi son las ideas. Una idea que fortalezca a otra ahora la llamamos argumento. Un porque más verídico que otro. Una razón más válida que otra.

El mundo esta construido de ideas, todo estos "argumentos", "mentes", "mentes universales", son ideas. Por lo tanto, pensar sólo lleva a tener ideas, desarrollarlas y a encontrar otras que las fortalezcan.

Está reflexión es un poco loca o desquiciada, es una reflexion tan valedera como cualquier otra que cree la mente, pero algo que si es seguro es que siempre que se piense, al final soló yo tendré la razón:

"La mente es un mundo complejo."