jueves, 29 de mayo de 2008

De las buenas costumbres a los buenos ciudadanos

…que aprendan que se tiene todo con el dinero, excepto las costumbres y los ciudadanos.1 ¿Qué podemos inferir de esta máxima? No es cuestión de ser ricos o pobres, es cuestión que el buen obrar no se relaciona con el dinero. El ser rico, opulento y educado no nos hace mejores que un pobre cuando a ser ciudadanos se refiere y las buenas costumbres no atañen a los negocios cuando los corazones de las personas son virtuosos. ¿Pero cómo llegamos a ser virtuosos? ¿Cómo podemos educarnos para ser virtuosos? …quien quiere educar a un niño no comienza por decirle que es preciso practicar la virtud; le enseña primeramente a ser veraz, después a tener templanza, después coraje, etc., y finalmente le enseña que la colección de todas esas cosas se llama virtud.2 ¿Es menester entonces decir que la educación nos ayuda a ser virtuosos? Pues para ser virtuosos en la vida debemos educarnos en el arte de ser buenos hombres, cultivando el alma y no la mente. Ciertamente las artes y las ciencias ayudan a exaltar la condición de sabiduría del hombre, pero así como fortalecemos la mente es necesario fortalecer el espíritu, quien en constante lucha con nuestras tentaciones nos ayuda a fortalecer la voluntad.

No es fácil la tarea. De la dedicación a ser buenos hombres estamos también llamados a ser buenos ciudadanos, partiendo con base en que vivimos en sociedad. Pero esta sociedad no es más que la suma de sus partes, es decir, una sociedad virtuosa está formada por ciudadanos virtuosos, que interesados en el buen obrar trabajen tanto para sí y para los demás. Es notorio ver como no hemos logrado cumplirlo, como nuestras costumbres y tradiciones debilitadas, han hecho que nuestras miserias dominen nuestra voluntad antes indómita. La necesidad se ha convertido en el motor de nuestro obrar más que en nuestro deseo de ser mejores, intentando llenar ese vacío buscando a esos hombres “virtuosos” que nos conduzcan a ese bienestar; hombres que si bien no hemos podido serlo menos habremos podido cultivar. Es entonces cuando me pregunto: ¿Cómo somos capaces de buscar en otros el ejemplo que estamos llamados a dar? Es más fácil tirar la piedra y esconder la mano, que ser honestos con nosotros mismos. Es nuestra falta de voluntad, nuestra conformidad la que nos ha sumido en la total esclavitud pensando que la riqueza nos hará felices.

No es pues cuestión del capitalismo o de los ricos resolver nuestros problemas, más está en nuestros tabúes las enfermedades que nuestra sociedad padece. Nuestro falso deseo de ser alguien nos ha alejado de ser nosotros mismos y de ofrecer a los demás lo que podemos dar. No es eso más cierto que ver por todas partes inmensos establecimientos en los que se educan con grandes costes a la juventud para enseñarle todas las cosas, excepto sus deberes.3

Nos hemos olvidado entonces de nuestra patria. Pero no nos malentendamos. Nuestra patria no nos ofrece más de lo que estamos dispuestos a dar. No es una guerra civil lo que estoy pidiendo, es la reivindicación de la ciudadanía lo que discuto rescatar, del verdadero valor de ser parte de una nación y de trabajar para cosechar los frutos que esta dejará para el futuro, sino ¿Por qué estuvimos dispuestos a aceptar vivir en sociedad si no pensamos trabajar para ello? Es sin duda una pregunta que cada quien debe responderse.

Hemos sido derrotados entonces por el conformismo, mal inherente a nuestra poca voluntad de luchar, mientras vivimos alimentados de nuestras esperanzas vemos como nos derrumbamos, como perecemos ante los vicios y como nos corrompemos en un inevitable intento por mantener una paz cada vez más distante. Nuestras antes valiosas virtudes son ridiculizadas: el justo, el honesto, el humilde, no son más que cuadros en la pared del olvido; no tenemos ya ciudadanos o si todavía nos queda alguno disperso en nuestros campos abandonados, allí perece indigente y despreciado.4

No es una quimera, ni una utopía. Es nuestra verdadera necesidad.

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(1)(2)(3)(4) Jean-Jacques Rousseau

jueves, 8 de mayo de 2008

Biocombustibles: ¿Tecnología verde o negra?

Entramos en el siglo XXI, la tecnología avanza vertiginosamente a un estado de transmutación constante, mientras los seres humanos buscan subsistir en un mundo cada vez mas globalizado de ideologías, culturas y pensamientos. La inminente supremacía de la raza humana hizo temblar la tierra hasta tal punto que ésta perdio el equilibrio y comenzó a dar síntomas de una enfermedad para algunos crónica y para otro remediable. Surge entonces (ahora en el siglo XXI) con más fuerza, la temática de las tecnologías verdes y el desarrollo amigable al planeta.

El mundo se ve inmerso en -mas que un debate- una diatriba incesante con grandes resultados, vale acotar, y con miradas esperanzadoras a un futuro cada vez más "verde"; entre dichos resultados destacan, por ejemplo, energías amigables como la eólica, la solar y los biocombustibles -por mencionar algunas-. Me detendre a ahondar más en este último que ha sido el método mas debatido por los especialista por sus atribuciones "curativas" a esta pandemia ambiental.

¿Virtudes? Según los especialistas, las "ventajas" más importantes de esta tecnología radican en que:
1. Su origen es verde, ya que se obtienen de plantaciones como la del maíz.
2. Reducen los gases de efecto invernadero en la atmósfera.


Ciertamente, a simple vista los biocombustibles parecen ser un milagro traido del mismísimo cielo, pero profundizando más en la verdadera connotación del asunto observamos que esta cura milagrosa podría ser mas negra que verde. No es simplemente por llevar la contraria, ni por ser un indiferente del obvio estado de salud del planeta, pero es indispensable conocer ambas caras de la moneda antes de aprobar tecnologías incipientes sólo por el hecho de ser verdes y comerciales.

En primer lugar, la producción de biocombustibles requiere, como he mencionado anteriormente (mejor dicho, como mencionan los más empapados en el asunto), de plantaciones para obtener el biodiesel o bioetanol, dependiendo del caso. Esto quiere decir dos cosas. La primera es que es necesario sustituir una parte de la producción alimentaria para elaborar el preciado elixir ambiental y la segunda es que seria menester ampliar los campos de producción para obtener tanto alimentos como biocombustibles. En cualquiera de estos dos casos, las contraargumentaciones explican, con base en investigaciones de la ONU y otro científicos de diversas índoles, que en el primer caso, es primordial y de vital importancia mantener el suministro de alimentos ahora más que nunca que los altos precios del crudo han aumentado paulatinamente el precio de los rubros alimentarios, teniendo como consecuencia una posible crisis alimentaria pronosticada por la ONU, y en el segundo, radica algo un poco más racional, queremos ser verdes y pretendemos destruir más ecosistemas, más hábitats, más biodiversidad, al mismo tiempo que queremos reducir las emisiones mientras destruimos al único filtro verde que tenemos contra el CO2: las plantas.

Es evidente de por sí, que los biocombustibles son un tema importante en la green agenda de las naciones desarrolladas, pero es necesario ahondar y excavar hasta el más minúsculo detalle para que el remedio no resulte peor que la enfermedad. No es estar en total desacuerdo con los biocombustibles, sino ser objetivo en algo que más que concernir a la humanidad como un todo, responde a la necesidad de salvaguardar nuestro primer hogar: La Tierra.